Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz del mediodía en Zúrich tenía esa cualidad implacable que no perdonaba secretos ni sombras. En el estudio privado de la mansión Blackwood, el silencio era tan denso que Tamara Sandoval podía escuchar el latido de su propio corazón como un tambor de guerra.
Ethan Cross depositó el USB sobre el escritorio de caoba con la delicadeza de quien manipula una granada sin seguro. El pequeño dispositivo negro brilló bajo la l&a







