Mundo ficciónIniciar sesiónLa nieve había dejado de caer, pero el frío mordía con dientes invisibles.
Tamara despertó en brazos de Damián, su rostro borroso enfocándose lentamente. Sangre —suya, de él, de todos— manchaba su ropa. El hombro le ardía donde la bala había rozado, abriendo carne pero milagrosamente errando hueso.







