capitulo 22

La mansión Vane nunca se había sentido tan vasta, tan gélida y tan ridículamente silenciosa como esta mañana. Alexander se había marchado a la sede norte hacía apenas unas horas, y su ausencia era un hueco físico que yo no sabía cómo llenar. Era una contradicción irritante: pasaba la mitad del tiempo deseando que me dejara en paz y la otra mitad contando los segundos para que entrara por la puerta y me desafiara con esa mirada de acero.

Me desperté en nuestra cama —que técnicamente era su cam
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