Capítulo 61. La última rama de olivo.
El regreso a la ciudad fue, paradójicamente, el viaje más silencioso y a la vez más ruidoso de la vida de Silas. Silencioso porque nadie hablaba.
El motor del deportivo ronroneaba suavemente sobre el asfalto y el mundo exterior pasaba como una mancha de colores. Ruidoso porque, dentro de la cabeza de Silas, el estruendo constante de las expectativas de su madre, de sus críticas, de su manipulación de años, se había apagado de golpe.
Era como si alguien hubiera desconectado una alarma de incen