Capítulo 53. El silencio de los hermanos.
El martes por la mañana, Eris O'Neil se sentía invencible.
Llegó a la Mansión Valerián en su vieja motocicleta, tarareando una canción de rock clásico dentro del casco.
El sol brillaba, el aire era fresco y, por primera vez en semanas, los paparazzis no estaban acampados en la puerta de servicio.
Silas había cumplido su palabra: había contratado una empresa de seguridad privada para patrullar el perímetro exterior, y la amenaza de demandas millonarias había dispersado a los fotógrafos como cu