Capítulo 32. Ella es mi novia.
Silas se levantó. Cruzó la distancia que los separaba en tres pasos largos y le arrancó el vestido de las manos, tirándolo al sofá. La agarró por los hombros, sacudiéndola suavemente para que lo mirara.
—¡Mírame! —exigió—. ¡A la mierda la empresa! ¡A la mierda las acciones!
—¡Es tu patrimonio! —sollozó ella.
—¡Tú eres lo más preciado para mí! —rugió Silas.
La confesión quedó flotando en el aire. Eris se quedó helada, con la boca entreabierta. Silas respiraba con dificultad, como si hubiera corr