Capítulo 13. La semilla de la duda.
Lyanna sintió que el corazón se le detuvo.
—¡No! —gritó, por fin, con fuerza—. ¡Yo jamás haría eso! ¡Jamás!
Ares no retrocedió.
—Entonces explícame —su voz era un filo—. ¿Por qué ese hombre que estaba CONTIGO hacía una semana y después terminó atropellando a mi hijo?
Lyanna tembló.
—No lo sé… no recuerdo… no soy ella…
—¡MALDITA SEA! ¡DEJA DE REPETIR ESO! —explotó—. ¡Todo lo que tocas lo destruyes! Y ahora… ahora también a mi hijo. Esto sí, no te lo perdono. ¡¡Juro por Dios que voy a acabarte co