Capítulo 113. La prueba del delito.
El taxi se incorporó al tráfico denso de la avenida principal, alejándose de la zona residencial exclusiva donde el silencio y la seguridad eran lujos que se pagaban con millones.
Lyanna se hundió en el asiento trasero de vinil desgastado. El olor del vehículo, era una mezcla de ambientador barato de pino y tabaco rancio, era un contraste violento con el aroma a cuero limpio y sándalo del coche blindado de Ares.
Ese olor, corriente y un poco desagradable, le revolvió el estómago, pero al mismo