Capítulo 102. Piel limpia, memoria vacía.
Lyanna miró su mano grande. Luego miró sus ojos grises. Había algo en ellos que la desarmaba. No había lujuria, ni burla, ni lástima. Había una oferta de servicio.
—Prometiste no tocarme —susurró ella, aunque su voz carecía de fuerza.
—Prometí no tocarte de una manera que no quisieras —corrigió él suavemente—. Esto es cuidado, Lyanna. Nada más.
Ella dudó un segundo más, mordiéndose el labio inferior, pero el dolor en sus brazos y el frío de las gotas cayendo por su espalda la convencieron. Adem