La pequeña mujer al percatarse de que esta sola toma el móvil. Eda miró la pantalla de su teléfono durante varios minutos antes de decidirse. Sus dedos temblaban mientras marcaba el número de Lucero, su amiga de toda la vida, la única que podía sacarla de aquel dilema. Cuando escuchó su voz al otro lado, un nudo se formó en su garganta.
—Lucero… —dijo con voz quebrada.
—Eda, ¿estás bien? —La preocupación de su amiga era evidente.
—No lo sé. Creo que necesito hablar con alguien. No puedo más.
—E