El consultorio del doctor estaba perfectamente iluminado, con un leve aroma a menta que tranquilizaba incluso al más ansioso de los pacientes. Estaban cerca de conseguir el alta médica para posteriormente volver a la Villa. Pero Eda apenas podía disfrutar de ese ambiente relajante. La forma en la que Christopher se inclinaba hacia adelante, con un bloc de notas en la mano y una expresión más seria que la de un juez dictando sentencia, la tenía al borde de la risa, nunca se habían imaginado que