El día del alta médica llegó acompañado de un cielo despejado sobre Alborada.
Por primera vez en varias semanas, Vega sintió que podía respirar sin el peso constante del hospital sobre sus hombros.
Aunque todavía estaba algo débil, el simple hecho de abandonar aquella habitación blanca ya representaba una pequeña victoria.
Alonso no se había separado de ella ni un instante.
Mientras los médicos entregaban las últimas recomendaciones, él escuchaba cada palabra con una atención casi obsesiva.
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