El despacho estaba en penumbra, las cortinas cubrían absolutamente todo. Solo la luz fría de la pantalla iluminaba el rostro de Alonso Trovatto. Sus facciones parecían talladas en piedra. Cada línea de su mandíbula estaba tensa. Cada músculo del cuello rígido.
Sobre el escritorio, informes abiertos. Fechas. Nombres. Registros financieros. Cronogramas.
Una guerra no se gana con impulsos. Se gana con cálculo.
Vega se detuvo en el umbral sin anunciarse.
No quería interrumpir.
Lo observó en si