Su respiración se entrecortó.
¿Lo que quiera?
¿Theodore negociando?
Eso no era natural.
Se sentó en la cama.
Miró la puerta.
La distancia entre su habitación y la de Alonso nunca había parecido tan grande.
No sabía si debía confrontarlo.
No sabía si debía intervenir.
Pero una verdad comenzaba a formarse, incómoda, pesada.
Alonso no solo se defendía.
Alonso atacaba.
Y si Theodore estaba cayendo… no era un accidente.
El teléfono vibró otra vez.
Llamada entrante.
Número desconocido.