La vibración del teléfono sobre la madera seguía siendo un recordatorio molesto de que el mundo no se había detenido mientras ellos intentaban repararse. William soltó un suspiro pesado, rompiendo el contacto de sus labios con los de Nahla, aunque no la soltó. La mantuvo cerca, como si necesitara su calor para enfrentar lo que sabía que venía. La miró a los ojos, buscando en ellos rastro de duda o arrepentimiento.
—Nahla... necesito saber si todavía estás dispuesta a seguir con esto —preguntó Wi