La revelación de la verdad cayó sobre William como una losa de concreto que le trituró el alma en un segundo. Miró a Dalia, cuyo rostro aún temblaba por el llanto descarnado, pero las paredes del apartamento parecieron cerrarse sobre él, sofocándolo por completo.
La idea de que su propio padre fuera un monstruo abusador le revolvió el estómago, provocándole unas ganas inmensas de vomitar toda la culpa que empezaba a carcomerlo. Sin decir una sola palabra, dio media vuelta y caminó a tropezones h