Alejandro no tardó más de quince minutos en localizar el automóvil de su hija gracias al rastreador satelital. Estacionó su imponente camioneta justo detrás del vehículo de Nahla y bajó a toda prisa, con el rostro desencajado por la preocupación.
Al acercarse a la ventanilla, vio a su hija hecha un mar de llanto, con la cabeza apoyada sobre el volante, completamente deshecha por la culpa.
Sin perder un solo segundo, Alejandro abrió la puerta del carro, se inclinó hacia el interior y la tomó en