Julián revisaba los últimos contratos de la recepción; cada cláusula era un movimiento calculado en su tablero personal. Todo estaba listo para la boda del siglo.
Su despacho era un monumento a una trayectoria impecable: las paredes exhibían una hilera de reconocimientos académicos y galardones deportivos que hablaban de su competitividad innata. En el centro, destacaban los marcos con las portadas de los últimos cuatro años consecutivos, donde se le nombraba como uno de los 30 hombres más influ