POV ÁNGELA
El estruendo de los disparos aún retumbaba en mis oídos como un puto tambor de guerra cuando la camioneta blindada se puso en marcha, pisando a fondo y dejando atrás el infierno de esa fábrica abandonada. Desde la parte trasera, con la tablet temblando en mis manos manchadas de sudor frío, lo había visto todo: mis Flores cayendo como moscas bajo ráfagas de balas, cuerpos convulsionando en charcos de sangre propia; Fabiola desplomándose con un agujero en el costado, gritando de dolor