POV ÁNGELA.
El ambiente dentro de la camioneta blindada era asfixiante, cargado de esa tensión espesa que precede al infierno. El motor rugía bajo nosotras, pero dentro solo se oía mi respiración agitada y el pitido constante de los monitores. Quinto mes de embarazo, vientre abultado como una granada a punto de estallar, y por primera vez en mi vida de mierda, Bruno había aceptdo una orden. No discusión. No negociación.
—Te quedas aquí, Ángela —su tono fue un martillo, sin resquicios—. Camelia