CAPITULO 37. NOTICIAS.
A miles de kilómetros de distancia, en un edificio abandonado en las afueras de Moscú, Aleksei Volkov se sentaba en la oscuridad con una botella de vodka en una mano y su arma en la otra.
Su hombro todavía sangraba a través del vendaje improvisado que Yuri había puesto. Le dolía como el infierno, cada movimiento una agonía, pero el dolor físico no era nada comparado con lo que sentía por dentro.
Fabiola entró a la habitación con cuidado, como si se acercara a un animal herido que podría atacar