Elizabeth estaba cumpliendo un mes en Estocolmo y su amiga Jessia se había empeñado en que celebraran como lo que eran dos jóvenes y hermosas mujeres solteras y sin compromiso, así que al despertar sentía que su cabeza le pesaba el doble.
–Eres muy mala influencia Jessia –le dijo a su amiga que yacía inerte a su lado en la cama, en una posición que no parecía humana.
Elizabeth se levantó, Jessia emitió un gruñido y cambió de posición, de pronto se incorporó en la cama y exclamó: