La sostuvo en una mano, levantó un vaso de leche sobre la mesa y se lo dio a la boca. —Ven, bebe un poco de leche primero—.
Dalila Weber se quedó en silencio.
—¿Puedo hacerlo yo misma..?—
—¿Eh?— El hombre arqueó las cejas, y su rostro diabólicamente atractivo reveló una sonrisa demoníaca. —¿No te gusta así? ¿Quieres que te lo dé a comer boca a boca?—
—...—
Dalila Weber se quejó y no se atrevió a pedir nada. Se sonrojó mientras bebía la leche de la mano del hombre.
Las criadas que estaban detrás