—No es mi tipo, eso te lo puedo asegurar. A mí me gusta el moca con chocolate —continuó. Seguimos caminando y pude sentir que mis hombros se relajaban un poquito.
—Ah, unos melocotones cubiertos de chocolate. Te pillé —dije, sonriéndole.
Se rió y luego me guiñó el ojo. —Cuanto más oscuro, mejor sabor. Amargo, pero muy dulce después”. Me di cuenta de que a Ygor prácticamente se le estaba haciendo la boca agua ante la imagen que había conjurado en su cabeza.
Salí a la fría y oscura noche y encont