Mi boca se estrelló contra la suya, bebiendo su esencia. Me tragué sus palabras, embriagado de ella. Ella jadeó en mi boca y luego se derritió en mis brazos, sus labios se movieron en sincronía con el beso que le di. Nos besamos en un ritmo frenético. Nuestros labios crearon toda una maldita melodía. Ella me consumió. Ferozmente. Absolutamente. A cambio, le robé cada aliento. Como un ladrón hambriento, ansiando algo que nunca tuve, pero que ahora me pertenecía, le robé los latidos de su corazón