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Ángelo intentó escupir a un lado la sangre que llenaba su boca, pero los músculos faciales ya no le respondían muy bien de tantos golpes.

La sangre y saliva terminaron por escurrirse sobre su barbilla, dándole otra pincelada a la horrible pintura que era ahora mismo su ser entero.

Fabio se giró limpiándose las manos, debía admitir que este tipo era de los duros.

Nadie había aguantado tanto de su “creatividad”, sin embargo, el hombre aún no le había confesado dónde había dejado a Valentina.

— ¿Q
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