Ángelo conocía un sitio secreto por el cual ingresar a la residencia campestre de Beatrice.
Aparcó el auto cerca de la entrada trasera, por supuesto, no era el mismo que le había robado a esos inocentes chicos.
La sombra de los árboles frutales, más la oscuridad de la noche, le servían de tapadera para su fechoría.
Caminó hacia el cercado que daba al jardín posterior de la propiedad.
Todos sus sentidos alertas, el arma pegada a su pecho mientras inspeccionaba sus alrededores, nada raro en apari