Llamó y las credenciales del hombre no eran falsas para nada.
— Bien, aquí me tiene, ahora dígame ¿qué desea de mí? – le preguntó, sentados en una mesa discreta de la cafetería frente a la universidad.
A esta hora no había casi nadie.
— Sra. Carlotta, mire esta evidencia que encontré hace poco – le dijo pasándole una carpeta.
A esta información, se le sumó también el descubrimiento que había hecho Beatrice de Fabio.
— Este niño, se me hace conocido – tomó una fotografía de Fabio de pequeño.
— C