¡BAM!
La puerta se cerró de golpe cuando Stefano entró en su despacho privado y pasó el cerrojo.
Se tiró sobre el primer sofá que vio y abrió a tirones los botones que apresaban su abultada erección.
Los gemidos en sus oídos se escuchaban más intensos, calientes y excitantes.
Tuvo que apagar la pantalla para que nadie fuera a ver el espectáculo de porn0 en vivo, pero ahora mismo lo colocó en el soporte sobre la mesita del centro y lo prendió.
— ¡Aahh!
La imagen de Carlotta gimiendo de frente a