— ¡Cállate! ¿Quién te dijo que puedes presionarme para que hable lo que te dé la gana?
Stefano estaba que echaba chispa por los ojos.
No le gustaba que nadie lo arrinconara de esa manera.
— Stefano… ¿por qué te comportas así? Tú nunca mientes. Te digo que estoy dispuesta a admitir nuestro amor, ya no la necesitas a ella para tener a tu hijo, yo puedo…
— Tú no puedes nada Valentina, porque como bien siempre me dijiste, nadie aceptará este absurdo, para la sociedad eres mi hermana, quisiste mant