Carlotta subía en el lujoso elevador privado hasta el penthouse del hotel Emperor.
Sus manos comenzaban a sudar con nerviosismo, para qué negar, que no estaba tan segura como quería proyectar.
El Duque la había citado a este sitio, uno de los hoteles más top de la capital, no podía hospedarse cualquiera, aun con dinero.
¿Por qué parecía que hoy estaba desierto? Solo un empleado que la recibió en la recepción.
¿Un hotel tan grande sin un huésped?
«Ding»
Cuando sonó la campana y el elevador en t