—No puedo permitir que vayas a esa fiesta del té sin protección, Elara. ¡Y menos aún entre esas víboras del Consejo!
—No son víboras, Clara, son solo iguanas domésticas a las que les han extraído el veneno —dije, ajustándome el vestido negro de cachemira con cuello alto frente al espejo. El abultamiento de mi vientre ya era completamente evidente—. Además, no voy desprotegida. Tú vienes conmigo. Y Kael nos esperará en la puerta.
Clara apretó el maletín médico contra su pecho.
—Si Damien se ente