—¿Por qué has apilado estas cajas polvorientas en medio del dormitorio, doctora?
Al oír la voz de Damien, dejé a un lado el cárdigan viejo y desgastado que tenía en las manos y levanté la vista. Había entrado en la habitación aflojándose el cuello de la camisa y miraba con el ceño fruncido las tres grandes cajas de cartón que había en el suelo.
—Porque, gracias a Clara, por fin han podido traer las cosas de mi antiguo apartamento —dije, sin dejar de rebuscar entre los objetos de la caja. Me son