—Tu presión arterial es completamente normal, Elara. Pero tu pulso sigue un poco acelerado.
—Porque llevas desde esta mañana atándome a esta silla con el tensiómetro, Clara —gruñí, arrancándome bruscamente la banda de velcro del brazo—. El embarazo no es una enfermedad. Solo llevo un bebé dentro, no soy un jarrón de porcelana.
—Son órdenes estrictas del Alfa —respondió Clara, guardando el aparato en su maletín. Lucía esa sonrisa suya, tan irritante como dulce—. Dijo que, si la Luna no se come s