La limusina paró en la misma pista fijándome en cómo la pequeña Silvia estaba al final de las escaleras del jet de Adrian, sonriendo y saludándome con su mano mientras me gritaba Mami. Subí corriendo las escaleras, cogiéndola en brazos entrando las dos dentro para sentarnos ya que estabamos a punto de despegar
— ¿A dónde vamos?¿Ya me lo puedes decir? – pregunte a Adrian
— Ya lo veras cuando aterricemos, no seas impaciente — me respondió
El avión aterrizó y al bajar los tres, Silvia se fue corri