Estar en esa posición hace que los latidos de mi corazón vayan tan deprisa que parece que se me va a salir de mi pecho.
—- ¿Qué tal esta mi zorrita? — me susurro en el oído
— David, piensa bien lo que vas a hacer — me enfrente
— Eres mi esposa y por tanto me perteneces, después de esto firmaras todo lo que te ponga delante — me dijo riendo
—- Nunca te daré la empresa que mi padre me ha cedido — respondí furiosa
—- Entonces tampoco querrás ver nunca a tu amante y a su niñita, cariño tu me das l