Caminé tambaleante de regreso a mi habitación, una extraña sensación de debilidad invadiéndome con cada paso. Cuando finalmente llegué, mis piernas cedieron bajo el peso de mi cuerpo, y caí al suelo como una muñeca rota. Alissa corrió hacia mí, su rostro lleno de preocupación, y con esfuerzo me ayudó a levantarme, llevándome hasta la cama.
—¿Qué me pasa? —pregunté, un poco angustiada por lo que sentía.
Alissa me miró fijamente, su expresión una mezcla de seriedad y compasión.
—Eres humana, y est