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Los días siguieron pasando rapidamente, hasta convertirse en un mes. Aunque no había señales de movimiento por parte de Eirik y los suyos, todos nos manteníamos en guardia. Kieran comenzaba a desmoronarse. Su nerviosismo crecía día tras día, como si cada instante que pasaba fuera una cuenta regresiva hacia su fin. Lo veía en su mirada esquiva, en cómo sus manos temblaban ligeramente cuando creía que nadie lo observaba.

Por otro lado, Ulfric no hacía nada por ocultar su creciente odio. Cada día
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