Me levanté de un salto y corrí, buscando alejarme de Viggo. Mi estómago revoloteaba, y, sin poder contenerme más, vomité, dejando salir aquel líquido negro y viscoso que emanaban los monstruos.
—¿Renee, estás bien?— preguntó Viggo, podía notar la preocupación en su voz.
—¡No te acerques!— grité, la desesperación brotando de mis labios. Mis manos comenzaron a temblar, de manera descontrolada.
—Déjame ayudarte— insistió, escuche como se acercaba y el miedo se apodero de mí. si él se daba cuenta d