El camino se extendía cada vez más. Cada paso era como si cientos de agujas se incrustaran en mis pies, pero no había opción: teníamos que llegar, teníamos que salvar a todas estas personas. Y si la suerte estaba de nuestro lado, encontraríamos a Eirik y le diríamos la verdad, para que el verdadero culpable pagara con sangre.
—¿Falta mucho? —pregunté a Viggo, rogando para que el lugar ya este cerca.
Asintió sin mirarme, sus ojos, afilados como cuchillas, estaban fijos en el camino. Había algo