La llegada a la casa de lucas y gabriel había sido un ejercicio de actuación digno de un premio. Lucas no dejaba de parlotear sobre las empanadas de Martha y sobre cómo Noah estaba obsesionado con una huella balística que no llevaba a ninguna parte, sin notar que Gabriel caminaba con una rigidez poco natural y que Isabella evitaba cualquier contacto visual directo. El aire en la camioneta estaba cargado de un magnetismo que hacía que los vellos de la nuca de Gabriel se erizaran cada vez que ell