La taberna de Joe olía a serrín húmedo, cerveza barata y a la tormenta que seguía rugiendo fuera. Era el refugio habitual de los bomberos de la 314 cuando el mundo pesaba demasiado, pero esa noche el ambiente estaba más cargado de lo normal. Liam vaciaba su tercera jarra de cerveza con una expresión de velorio, mientras Nicolás, sentado frente a él, no paraba de soltar risitas sarcásticas que solo empeoraban el humor del rubio.
Gabriel y Lucas estaban en la esquina de la barra. Gabriel no bebía