El primer día tras la suspensión comenzó con una energía extraña en la Estación 314. El sol de la mañana golpeaba el asfalto del hangar, y el aire olía a una mezcla de desinfectante industrial y resentimiento acumulado.
Mía no le había dirigido la palabra a Liam en setenta y dos horas. Cada vez que él intentaba acercarse con cara de perro apaleado, ella hacía una maniobra evasiva digna de un piloto de combate. Liam, desesperado, le había explicado a todo el que quisiera oírlo (principalmente a