Mundo de ficçãoIniciar sessãoBajamos las escaleras, donde Mía y Emma nos esperaban. Ambas estaban radiantes, a pesar de los malestares típicos del embarazo.
—¡Cuidado allá afuera! —dijo Emma, dándome una palmada en el hombro—. Y no golpees a nadie.
—No prometo nada —dije, riendo.
Salimos de la villa, subiendo al coche que nos esperaba para llevar







