Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire en la sala de juntas de AEGIS era tan denso que resultaba difícil respirar. No era el humo de un incendio, ni el calor abrasador de un edificio en llamas, pero la presión que sentía en el pecho era extrañamente similar. Me senté a la cabecera de la mesa, con la espalda recta, recordando las instrucciones de Isabella: "No te muevas, no vaciles, no pidas permiso".
A mi derecha, Lucas permanec&ia







