Narrado por Isabella
El aire en la habitación era demasiado espeso. Demasiadas sombras, demasiados secretos, demasiadas palabras no dichas que flotaban como polvo en suspensión. Me desperté a mitad de la noche, con el corazón martilleando contra mis costillas, una sensación de ahogo que no tenía nada que ver con el tumor, sino con la ausencia del único calor que me mantenía cuerda.
La cama estaba vacía. Las sábanas, todavía tibias por su cuerpo, me recordaban que él había estado aquí hace apena