El amanecer llegó con un aire distinto. La ciudad aún vibraba con la noticia del día anterior: la mujer que todos creían muerta había regresado y, con ella, un eco de esperanza. Desde la ventana de la pensión, se escuchaban voces, pasos apresurados, vendedores de periódicos anunciando titulares.
Isadora abrió los ojos lentamente. El murmullo constante la mantenía alerta. Se levantó, caminó hasta el pequeño baño al final del pasillo y, como cualquier persona en un día cualquiera, atendió sus ne