Después de la despedida con los abuelos, el grupo caminó durante dos días más, siempre evitando los caminos principales. El bosque fue quedando atrás poco a poco, y el murmullo de la naturaleza comenzó a mezclarse con sonidos diferentes: motores lejanos, ladridos de perros de granja, campanas de iglesia. Era la señal de que estaban acercándose a la civilización.
Isadora, con el rostro cubierto por una bufanda gruesa y un sombrero de ala ancha que apenas dejaba ver sus ojos, parecía una campesi