La noticia de que Isadora había aceptado viajar a Liria del Norte corrió como fuego por todo el continente. Los canales de televisión transmitían mapas de la región, entrevistas a historiadores y debates sobre el impacto de su regreso. La prensa internacional la nombraba “La Condesa del Renacer”, mientras que en los foros más oscuros aparecían amenazas anónimas: mensajes que advertían que nunca llegaría viva a su destino.
Isadora, sin embargo, no dejó que el miedo la detuviera. Desde el apart