El día después del ataque, el refugio aún olía a pólvora. Las paredes marcadas por los impactos de bala y los pasillos ennegrecidos por la metralla eran prueba del asalto brutal que habían sufrido. Sin embargo, lo que nadie esperaba era ver a Isadora caminando firme entre los escombros, con la mirada fija y el arma aún colgada en su cintura.
Gabriel la observaba desde la distancia. La joven que había encontrado vulnerable años atrás ahora irradiaba una fuerza que no se podía ocultar. Había pa